Por alusiones.
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Querido Javier Marías:
Es sabido que huye respetablemente de las nuevas tecnologías, por lo que me extraña verle en esta cruzada, y además armado, compartiendo mantel con personajes que a boca llena llaman cultura a la charanga que les suda, o talibán al primer repartidor de pizzas que se les cruza de camino al restaurant. La pregunta es obligada: ¿quién le trajo hasta aquí?
Aquello que se descarga de «la red», a lo que usted llama generosamente entretenimiento −guiado por diretes y buena intuición− , podría en un noventa por ciento de los casos considerarlo directamente basura, pues una vez consumido su principal cualidad −muy por encima de la de entretener− es la de indigestar el pensamiento humano con la saña que mil sanguijuelas desangran al más pintado. Además de no extrañarme, me alegraría saber que usted nunca terminó de escuchar voluntariamente una canción de Alejandro Sanz −y por imposible, jamás con quince años−, así que permítame advertirle que ese señor, artista pantojero, respetable, y estandarte de la industria musical −además de nuevo rico con residencia en Miami−, es una fábrica de adultos frustrados, que creyeron mientras crecían, que los modelos reflejados en sus «canciones» tenían más que posibilidades de ser reales. Puedo asegurarle, que escuchar «Pisando Fuerte» (single del segundo primer álbum del artista) cuando nuestro cortex aún es flexible y esponjoso, tiene efectos parecidos a los de una apisonadora paseando en domingo por un campo de amapolas. A mí me costó tres hijos quitármelo de encima.
Permítame decirle, que detrás de todo este pan y todo este circo, no hay más ni menos que una UTE entre el Ministerio de Cultura y el «incomprendido» Mercado, apropiándose del Arte, sus significantes y significados, para que, con toda la demagogia que le permitamos, consigan en su nombre que paguemos por la inabarcable montaña de basura que las nuevas tecnologías nos han puesto en bandejita bañada en plata a modo de ansiolítico barato. Esto es: convertir lo que ellos quieren que sea la cultura en una cuestión de consumo.
Por sus ventas no se preocupe. Mientras sigan existiendo sensibles pudientes −e inteligentes Antoines−, usted podrá escribir, además de por placer, para pagarse el vivir. No obstante, si sus cifras cayesen hasta el rojo, estará de acuerdo conmigo, que el problema más evidente para usted, no sería el más importante para todos.
Agradecido por su existencia.
PD. Ha de saber que tras mi mujer es usted la persona con quien prefiero pasar mis noches. (Tampoco debe preocuparse en exceso por el detalle).
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