Con lo que ahorremos…

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En memoria

Ruxandra Malvaloba, "En memoria", Villanueva del Ariscal (Sevilla), 2010Ruxandra Malvaloba, «En memoria», Villanueva del Ariscal (Sevilla), 2010.

Diría que soy más de olvidar que de perdonar —cierto es que tampoco me he visto más de lo suficiente en la necesidad de lo segundo y lo primero me resulta  sencillo de más—. En cualquier caso —por fortuna no es mi postura la que importa— estar muerto es una buena oportunidad para hacer ambas cosas a la vez.

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Un pedo de primavera

Hoy, Sevilla, la bella pedorra durmiente, y sobre todo durmiente por calavera, nos regaló un pedo de primavera. O como diría el incuestionablemente innecesario Antonio Burgos:

«Mi tierra, a la Virgen del Jazmín rezando, de camino a por dulces de mis hermanas, manos de San Leandro, clama en su rezo de sábado: que el rocío de mañana y su levante, sin peros, sean del Domingo de Ramos y sus rameros, para ver danzar a mis madres con paso de costalero, sin que les llore la lluvia, santa y muerte de toreros; para que sólo un solo trapito,  trapito de terciopelo, cubra los hombros de miel de fuego, que las niñas de mi Sevilla —te quiero—  cuidan y esconden de los ladrones de enero.

Que con treinta lunas se baste este invierno.
Que la piconera se vista de nazareno.
Que despierte de su letargo, el oso y el heladero.
Es primavera, prima, primavera de enero.»

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PS. Siento haberme llevado hasta aquí, y sobre todo haberles traído conmigo. Yo voy a afeitarme, que me ha salido barba.

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Todos los pronósticos…

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Se coló la hipocresía

Por alusiones.

Javier Marías Franco
Javier Marías
«Ocultar y Averiguar»
26/12/2010

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Sin embargo, yo sería más comedido a la hora de invitar al «engaño» sabido, que, reconozco, es el menor mal para hoy, pero mejorable si lo que nos traemos entre manos es mañana. Como usted bien dice, la hipocresía forma parte de nuestra educación y civilización, pero ello no debe legitimar su uso, pues a través del fingimiento de emociones, sensaciones y opiniones, no hacemos más que construir una red de relaciones falsas incapacitadas para la evolución: saber qué hago mal es imprescindible para pensarme si quiero intentar hacerlo bien. Estoy de acuerdo con la discreción —más que el secreto—, la diplomacia, la corrección, la asertividad, el tacto, la cortesía,  incluso el cumplido protocolario, como vehículos de relación; pero incluir en la lista a la hipocresía, por pequeña que parezca —yo juraría que se le coló—, me parece peligroso, innecesario, y como todas las mentiras, una pérdida de tiempo.

Su discurso cuenta con una premisa, que a mi parecer no debería ser contada, que es la de dar por hecho que no nos gusta saber cómo se nos piensa. Ciertamente es  esta una realidad incuestionable, pero ni plausible, ni eterna, por lo que yo, puesto a invitar, lo haría a  aprender a  escuchar lo que se cuece de nosotros, no con dicen, digos y diegos, sino con nuestros propios oídos —limpios de paja y polvo— y de la precisa boca que nos piensa, para después darle la importancia o el humor que, equivocadamente o no, cada letra se merezca.

Contar con la mentira como herramienta socializante nos lleva a lo que somos: una masa infantilizada e interesada, dispuesta a no crecer con tal de evitar alientos distintos a los de las abuelas que cada cual escogió como cojines parlanchines de su mullido sofá. Más que el miedo a estar sólo, es el miedo a encontrarse lo que nos hace fingir y ser fingidos, mentir y ser mentidos, convirtiendo las relaciones sociales —básicas para la educación colectiva— en una cuestión de rentabilidad e interés a corto plazo.

Mañana ya veremos —dijo el ciego.

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La belleza es silenciosa

Albert Watson, "Gabrielle Reece and Michaela Bercu", 1989Albert Watson, «Gabrielle Reece and Michaela Bercu», Pasadena, California, 1989.

La belleza es silenciosa y eterna en su instante.
No así el gusto: gritón y tornadizo.

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En los ochenta todos queríamos ser como tú…

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Poder y dominio: del espacio al expacio

La colección «Poder y dominio: del espacio al expacio» comprende un conjunto  de acciones dispuestas en torno a las ideas de poder y dominio, domain graffiti, accidentes del sistema y emancipación.

Poder y dominio.
Convertidos en víctimas del ejercicio de sobrehumanas responsabilidades por humanos e incompetentes, elementos de poder sin dominio —carentes de la autoridad suficiente para evitar lo que podría representar el fracaso de su propia realidad: la transformación del espacio en expacio— flotan inermes en coordenadas imprevistas.  Cabe entender el fracaso inducido como éxito reincidente: es precisamente la descapitalización del orden colectivo, en favor de la capitalización individual, el exoesqueleto que asiste y ampara a  los  circunstancialmente poderosos y artificiosamente desvalidos.

Domain graffiti.
Intervención en dominios ajenos y visibles, utilizados como muros, mobiliario urbano o trenes.

Accidentes del sistema.
O fallos en el orden presupuesto. La colección funciona como operación especulativa: continente y contenido —soporte y acción— se comparten o excluyen en la medida que el interactor considere, permitiendo romper el conjunto sin alterar los valores subjetivos asignados por el pequeño espectador y el gran mercado.

Emancipación.
La estructura repetida en cada acción presenta un modelo mercantil que posibilita la independencia económica y deontológica  de las partes implicadas en el desarrollo comercial del producto resultado. La propia acción permite materializar subacciones de un modo ilimitado y a la vez único: cada donación, en formato físico o digital, contiene elementos exclusivos aportados por el donante, entre ellos el valor asignado a la obra adquirida,  que permiten poseer con la intensidad que cada actuante considere oportuno. La autenticidad de las subacciones generadas queda garantizada por PayPal (Europe) S.à.r.l. & Cie, S.C.A.

Las acciones incluidas en la colección son:

vivalavirgendelrocio.com, 2012
www.josephaloisratzinger.com, 2011
www.belenestebanmenendez.com, 2011
www.angelesgonzalezsinde.com
, 2010

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Bandoleros del mundo, uníos

Francisco Hohenleiter de Castro, "Bandolero en Sevilla", 1930?

Sobre arte y consumo. A propósito de la «Ley Sinde».

Bandoleros del mundo, uníos. A través de un texto se presenta la acción anónima, individual y relativamente invasiva como método de alteración de opiniones sobre temas relacionados excepcionalmente en contextos impuestos, como son el ‘arte’ y el ‘consumo’, o la ‘belleza’ y la ‘necesidad’, en boca de congresistas o senadores.  El desarrollo constructivo está vertebrado por una superficial identificación de identidades participantes en un problema menor, que voluminiza al débil conjunto.

Visibilidad: www.angelesgonzalezsinde.com
Colección: Poder y dominio: del espacio al expacio
Notas: «Nada tan extenso puede ser algo» (Masaoka Shiki, 1903) / Domain Graffiti.

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¡Bandoleros del mundo, uníos! (fragmento)

(Este texto pertenece a la Acción «¡Bandoleros del mundo, uníos!», que puede ver en su totalidad en www.angelesgonzalezsinde.com)

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A la belleza gratuita de Sinde:
vivos cantos de hielo, nadando en hilo negro.

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Generalizar es peligroso, y a veces conveniente — pues la vida está cortada por horas contadas—. Por lo tonto, cuando asumimos el riesgo de describir el todo mirando a la parte —que a priori creemos mayoritaria— hay que esperar, con deseo, que la minoría maltratada entienda la libertad tomada como un gesto de economicidad vital, justificado por el intento de resolver un problema mayor. En cualquier caso, el peor de los finales posibles es equivocarse, que no es más que una fabulosa oportunidad para rectificar.

Cuando me refiero a los Artistas en general, hablo de constructores de nuevas realidades, y enanos circundantes, a quienes les resulta genéticamente imposible no crear —o no destruir, según el caso— entre los que incluyo: músicos, escritores, pintores, escultores, cineastas, actores, bailarines, fotógrafos, performistas, intervencionistas, grafiteros, toreros, payasos, vagos disfrazados, hijosde y listillos. Una lista de inquietos creadores, en la que sería de justicia incluir a los otros artistas, aquellos que,  sin oficio ni beneficio, abren puertas y ventanas de realidades únicas, desde posiciones aún no acotadas intelectualmente por ningún organismo público, o ente subvencionado: hablo de personas comunes que emanan arte,  como indicaría el menos preciso de los artilugios medidores de sensibilidades, si apuntamos a su mirada, su gesto, o infinitos andares.

Por otro lado, un mínimo de sensatez y realismo, a partes iguales, me lleva a considerar inviable la posibilidad de tutelar vitalmente a cada uno de los miembros de este amplio colectivo —generador de cultura y basura—, fundamentalmente por la dispersión y arbitrariedad de la que se parte; por las probables risas, durante el durante, de las moscas al oir mis cañonazos; y, aplicando el Principio de Mínima Energía, por el insostenible efecto de parasitismo humano al que se llegaría. Sin embargo, de una u otra forma, en ello estamos.

El resultado —a la vista— es un vertedero gigante de objetos sufriblemente espontáneos, no biodegradables, rodeado por los propios responsables formados en cadena humana —a modo de muro fronterizo espiritual— entre quienes se alza Papá Estado gritando a todos y nadie “¡Pasen por caja!”, sin caer en la cuenta de que los gritados —menos los que siempre van al teatro con entradas regaladas (funcionarialmente hablando)— trabajan bajo tierra, abasteciéndose en los descansos de restos de basura, y algo de cultura, a través de los benditos agujeros peer-to-peer que hay en el suelo, y que los Artista$ no descubrirán mientras sigan autocontemplándose mirando al cielo.

Empeñado en poner puertas al campo, y alentado por la exitosa moda de la fatal combinación entre empirismo y rentabilidad, el  Hombre Moderno ha decidido tomar medidas al espíritu, para hacerle un traje que le haga parecer lo que quiere que parezca: vendible.
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